Jackson Pollock: El estrellato (1949-1951)

Jackson Pollock
Jackson Pollock (1912-1956)

Se encumbra al mito considerándolo como el representante del Expresionismo abstracto a nivel internacional y genuinamente norteamericano. Esta valoración tan rotunda tiene connotaciones como toda gran revolución artística, fenómeno cultural o político complejo. En 1947 la revista Possibilities publica el procedimiento de la técnica de Pollock: “Prefiero fijar el lienzo sin extender al duro suelo. […] En el suelo me encuentro más que a gusto. Me siento más cerca de la pintura, más parte de ella, ya que de esta forma puedo moverme alrededor del cuadro, trabajar desde los cuatro costados y, literalmente, ‘estar’ en la obra. Es parecido al método por el cual los indios del Oeste pintaban sobre la arena.[…] No tengo miedo a hacer cambios, destruir la imagen, etc., porque el cuadro tiene vida propia. Intento que salga por sí mismo. Sólo cuando pierdo el contacto con la obra el resultado es un desastre. En caso contrario es pura armonía, un fluido toma y daca, y el cuadro sale bien”.¹ Según pollock el arte de fluir sin control de la razón desde el inconsciente, pintar es expresar de forma directa ese subconsciente del ser humano: “Me preocupa seguir el ritmo de la naturaleza. […] Yo trabajo, desde dentro hacia fuera, como la naturaleza”. Él cuando pintaba sentía que se fusionaba con ese mundo natural, como en una perpetua simbiosis. Fue trabajando poco a poco en ocultar lo figurativo en su obra buscando nuevas técnicas y contenidos.

Peggy Guggenheim cierra su galería marchándose a Venecia y la exposición número cinco en solitario de Pollock fue en la galería de Betty Parson (1900-1982) en enero de 1948. Esta era artista, comerciante de arte y coleccionista estadounidense conocida por su temprana promoción del expresionismo abstracto. Aquí muestra por primera vez sus drip-paintings. La prensa reaccionó echándose encima con críticas agresivas hacia estos trabajos. Empezando por la crítica de Robert Coates en el New York Times: “Sólo puedo decir de tales obras… que parecen ser una mera explosión desorganizada de energía arbitraria y, por tanto, carente de significado”; Aldous Huxley, escritor y filósofo británico que emigró a los Estados Unidos, opinó: “Se plantea la cuestión de qué le hace detenerse. El artista podría continuar eternamente (Risas en la sala)”; hasta la apreciación que Theodore Greene, profesor de la Universidad de Yale, dijo de uno de los cuadros que se exponía, Cathedral, que podría ser un estupendo estampado para una corbata. Pollock defendía una y otra vez que las acciones de sus gestos en su técnica en todo momento estaban controladas, que no respondían al azar y que estaban fuera del término “caos” o “accidente”.

La prensa especializada del arte pero dirigida al gran público que habían calificado la obra de Pollock como “macarrones al horno” o “masa de cabellos enredados”, ahora cambian los términos: “telaraña de pintura tejidas muy apretadas” o “miliadas de minúsculos clímas de pintura y color”. Se produce un cambio en donde ahora se habla de “pintura” como valor inherente de estos trabajos. Tras estas críticas positivas y las que había sembrado Greenberg, la famosa revista Life publica en 1949 un artículo a doble página con ilustraciones grandes donde se enardece la reputación internacional del artista. Bajo el título: “¿Es Jackson Pollock el artista vivo más importante de Estados Unidos?”² Se consigue convertir a Pollock como referente para las nuevas generaciones de artistas. Sin aludir al eminente crítico se dice: “Recientemente, un formidablemente crítico de Nueva York saludó al hombre inquietante y de aspecto desconcertado que se muestra arriba como un artista importante de nuestro tiempo y un excelente candidato para convertirse en ‘el mejor pintor estadounidense del siglo XX’”.² Seguidamente en ese mismo año otro artículo de la misma revista llamado: “Jackson Pollock: ¿El mejor pintor vivo de EE.UU.?”³, mostraban al artista posando frente a uno de sus cuadros, sumándole fama y reputación. En esa fase de su vida donde esta clase de revistas especializadas encumbran al héroe americano es cuando surgen sus obras más importantes y asimismo se mantiene completamente abstemio con ayuda médica y tranquilizante.

Al año siguiente el fotógrafo y cineasta Hans Namuth (1915-1990), de origen alemán pero de nacionalidad americana, tras leer los artículos de Life colaboró en amplificar la leyenda. Comenzó a retratar a Pollock mientras trabajaba y además le propuso grabar su método de trabajo a través de un cristal, filmando desde abajo. En el trascurso de su trabajo saca de quicio al artista ya que únicamente le interesa resaltar su lado más mediático, el del espectáculo, sin importarle la obra. Pollock se siente humillado ante esta falta de comprensión y sensibilidad hacia su trabajo. Nunca se muestra el cuadro completo, sólo la manera de pintarlo. América en esta época era una sociedad de espectáculo y a la que hay que entretener. En una sociedad de consumo, a más espectáculo mejor. En noviembre de 1950, tres días antes de la inauguración de su cuarta exposición en la galería de Betty, se filmaron las últimas imágenes. Esa noche que debía de acabar en una fiesta, acabó en desastre ya que Pollock comenzó a beber sin parar y dirigiéndose a Namuth continuamente le decía: “I’m not a phony” (No soy ningún farsante), hasta que terminó tirando la mesa con todas las bebidas y comidas. Se supone que ese teatro que tuvo que hacer para filmar su forma de pintar no le gustó demasiado al artista y se vio como manipulado al fingir que pintaba en una performance. A partir de este punto se marca de nuevo la vida del artista por un creciente consumo de alcohol y sus problemas mentales.

Photographed by Cecil Beaton, Vogue, March 1951
Photographed by Cecil Beaton, Vogue, March 1951

 

Todavía se tienen que agregar algunos acontecimientos que hacen que coronen a Pollock en lo más alto antes de comenzar su etapa definitiva de decadencia. En 1950 en la Bienal de Venecia, en el Pabellón de los EE.UU., participan tres pintores: Pollock, lo que demuestra que institucionalmente se reconoce su consagración, Gorky y De Kooning. En este mismo año el MOMA adquiere un cuadro del pintor y el fotógrafo Cecil Burton (1904-1980) banaliza al artista usando una de las dripping paintings, Autumn rythmn, como fondo para una sesión fotográfica de ropa para la revista Vogue, en la misma galería de Betty Parson. Se prioriza a la modelo y al traje, mientras que el fondo es el arte de la performance donde se trivializa la obra de Jackson Pollock transformándose en papel de decoración. Tanto Namuth como Burton son ejemplos de personas integradas en una cultura comercial y consumista que se movía en círculos en torno a la espectacularización mediática.

Las últimas exposiciones del pintor no tuvieron mucha repercusión en ventas. También se enfrían las relaciones con Greenberg que empieza a escribir no tan buenas críticas sobre el artista, cosa que Pollock achacaba a querer favorecer a su mayor rival, Clyfford Still (1904-1980). En el año 1951 terminó una serie de cuadros conocidos como Black Paintings. La exposición de estos cuadros negros organizada por Betty Parsons fue de nuevo un fracaso. Entre 1951 y 1956, año de la muerte de Pollock, fue etapa de decadencia y sin embargo su reputación pública aumentaba cada vez más. Sus obras se expusieron en París, Zúrich, Düsseldorf, Helsinki, Estocolmo y Oslo. Cuatro meses después de su muerte el Museo de Arte Moderno de Nueva York organizó una retrospectiva de su obra.

1. POLLOCK, Jackson, Possibilities, 1947.
2. “Es Jackson Pollock el artista vivo más importante de Estados Unidos”, Life, agosto 1949.
3. “Jackson Pollock: ¿El mejor pintor vivo de EE.UU.?, Life, 1949.